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Nadie se salva solo, Margaret Mazzantini

Nadie se salva soloEl libro que traigo hoy ha sido uno de los más difíciles de conseguir hasta la fecha. Mi historia con Nadie se salva solo se remonta  a la primera vez que me encontré con la portada en una librería. Me enamoré profundamente del título y la sinopsis sólo hizo que confirmar lo que ya temía: necesitaba leer ese libro, porque era perfecto para mí en esos momentos.

Delia y Gaetano eran pareja, pero ya no lo son. […] Son jóvenes aún, podrían tener la oportunidad de volver a empezar. Sueñan con tener paz pero, al mismo tiempo, les inquieta y les seduce lo desconocido. ¿En qué se equivocaron? No lo saben. La pasión del comienzo y la rabia del final están todavía peligrosamente cercanas.

Llevaba meses persiguiéndolo por las librerías, siguiendo su huella en cualquier sitio que entraba y rastreando on line hasta que por fin me hice con un ejemplar. Y como me suele suceder siempre, no es bueno tener tantas expectativas previas.

Margaret Mazzantini regresa con una novela que disecciona las relaciones humanas, concretamente la historia de amor convertida ahora en desamor de Delia y Gaetano. Los dos protagonistas, ahora separados, quedan para cenar en un restaurante con la finalidad de discutir el reparto de las vacaciones de los dos hijos que tienen en común. En el mismo lugar, a sólo una mesa de distancia, se encuentra un matrimonio de ancianos que representan todo lo que ellos han perdido: la felicidad, el cariño, la confianza y el respeto mutuo. Así, durante el desarrollo de la cena, Mazzantini nos da a conocer de una forma muy original todos los datos necesarios para comprender el declive de la pareja.

Entre platos, vino y postres Delia y Gaetano comparten reproches y diferentes puntos de vista sobre situaciones vividas en pareja. Su relación con los hijos, las desventuras con la suegra o los problemas de infancia que les dejaron cicatrices imposibles de borrar y que, con el paso de los años, han ayudado a destruir lo que con tanto esmero crearon en su juventud.

Pese a lo genuino del formato que presenta Mazzantini, lo cierto es que el libro se lee de forma muy lenta, instalando en el lector la sensación de que las horas no pasan y la cena nunca termina. El ritmo con el que se pasa del presente al pasado a través de los recuerdos de ambos protagonistas es vertiginoso y, en muchas ocasiones, confunde y entorpece la lectura. La prosa, eso sí, es acertada y directa, demostrando una vez más que la escritora, además de actriz, está acostumbrada a comunicar sentimientos y emociones.

Si buscas una novela romántica, con grandes y trepidantes acciones y profundos diálogos, definitivamente Nadie se salva solo no será una buena elección. Si, por el contrario, te decantas por la introspección, los finales abiertos y cierto toque intimista, te perderás sin problemas entre las páginas de un libro que muestra la crudeza y la erosión del primer amor.

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