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La vida imaginaria, Mara Torres

La vida imaginariaCualquiera que me conozca sabe que no soy una fanática de los premios literarios y, generalmente, suelo mostrarme muy escéptica con el fallo del jurado. Eso no quita que una tenga sus manías -y un TOC muy serio- y por ello me vea habitualmente arrastrada a leer los premiados o finalistas. Y doy gracias a Santa Rowling por ello.

Mara Torres ha conseguido con La vida imaginaria hacerme recuperar la fe en los nuevos talentos. Me acerqué con muchísima cautela al relato que plantea este libro y desde la primera página tuve que aceptar que esta vez me había equivocado. Fortunata Fortuna, (Nata en las distancias cortas) la protagonista, consigue cautivarnos con su historia de desamor, abandono y dudas. Porque si algo queda patente desde el primer capítulo es que, queridos míos, Nata somos todos. Y precisamente eso es lo que hace tan especial a este libro, el hecho de que podamos identificarnos con tanta facilidad con los sentimientos, miedos y frustraciones de la protagonista. ¿O me vais a decir que vosotros no habéis sentido ese vacío que provoca el amor cuando se termina? Eso mismo le sucede a Nata cuando Alberto, (Beto para los amigos) la deja. Y es que, a diferencia de lo que sentimos en esos momentos, el mundo nunca deja de girar tras una ruptura. El tiempo no se para, las canciones que eran vuestras siguen sonando en la radio, los sitios que visitasteis juntos siguen siendo testigos del surgir de nuevos amores y vuestros amigos se van a cansar de escuchar todos y cada uno de los razonamientos sobre lo ilógico del comportamiento de tu ex.

Beto se ha marchado y Nata tiene que sobreponerse a ello, aunque secretamente siga esperando su regreso. Porque algo está claro, no se puede superar tan rápidamente a alguien que te ha prometido nunca dejar de quererte. Y gracias a esta necesidad de encontrarse a sí misma, de buscar respuestas lógicas a lo que ha sucedido, nosotros nos adentramos en el día a día de Nata, presenciando sus esfuerzos por salir a flote, por olvidar -o recuperar- al gran amor de su vida y restablecer la calma en su, ya de por sí, ajetreada vida. El problema es que ello nos lleva, inevitablemente, a conocer mejor a Nata y puedes odiarla o amarla. Es fantasiosa, algo insulsa y, generalmente, propensa a tomar la peor opción posible ante cualquier situación.

Mara Torres es una galardonada periodista, además de tener formación académica relativa al mundo de la Lengua y la Literatura. Actualmente trabaja en televisión, aunque acumula un gran bagaje en el ámbito radiofónico. Y todo ello queda perfectamente patente en el tono de su primer libro. El estilo directo de la novela facilita su lectura, Nata cuenta en primera persona y a modo de diario los sucesos que tienen lugar después de la ruptura. Algunos criticarán, precisamente, el lenguaje coloquial empleado en la novela, quizá no muy propio de un finalista al Premio Planeta. Porque eso es cierto, La vida imaginaria es un relato con una prosa nada elaborada que presenta diálogos perfectamente reconocibles para la mayoría de lectores. Es un fiel reflejo de los comentarios, pensamientos y situaciones que se pueden escuchar a pie de calle, a la salida de un instituto o en el mismo mercado, sólo que pronunciados por treintañeros reacios a abandonar la adolescencia.

Si buscas un gran relato literario, como podría esperarse del libro que pudo arrebatarle el galardón Premio Planeta 2012 al consagrado Lorenzo Silva, ciertamente encontrarás en La vida imaginaria muchas carencias. Si lo que estás buscando es un libro desenfadado, con personajes planos que despertarán tu empatía y una historia romántica-cómica sobre las relaciones actuales, aquí tienes tu opción para una tarde de domingo. Porque La vida imaginaria es el libro que todos podríamos haber escrito, la historia de amor (y desamor) que todos hemos vivido y el relato pseudoadolescente y tragicómico que a nadie le molesta leer.

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Nadie se salva solo, Margaret Mazzantini

Nadie se salva soloEl libro que traigo hoy ha sido uno de los más difíciles de conseguir hasta la fecha. Mi historia con Nadie se salva solo se remonta  a la primera vez que me encontré con la portada en una librería. Me enamoré profundamente del título y la sinopsis sólo hizo que confirmar lo que ya temía: necesitaba leer ese libro, porque era perfecto para mí en esos momentos.

Delia y Gaetano eran pareja, pero ya no lo son. […] Son jóvenes aún, podrían tener la oportunidad de volver a empezar. Sueñan con tener paz pero, al mismo tiempo, les inquieta y les seduce lo desconocido. ¿En qué se equivocaron? No lo saben. La pasión del comienzo y la rabia del final están todavía peligrosamente cercanas.

Llevaba meses persiguiéndolo por las librerías, siguiendo su huella en cualquier sitio que entraba y rastreando on line hasta que por fin me hice con un ejemplar. Y como me suele suceder siempre, no es bueno tener tantas expectativas previas.

Margaret Mazzantini regresa con una novela que disecciona las relaciones humanas, concretamente la historia de amor convertida ahora en desamor de Delia y Gaetano. Los dos protagonistas, ahora separados, quedan para cenar en un restaurante con la finalidad de discutir el reparto de las vacaciones de los dos hijos que tienen en común. En el mismo lugar, a sólo una mesa de distancia, se encuentra un matrimonio de ancianos que representan todo lo que ellos han perdido: la felicidad, el cariño, la confianza y el respeto mutuo. Así, durante el desarrollo de la cena, Mazzantini nos da a conocer de una forma muy original todos los datos necesarios para comprender el declive de la pareja.

Entre platos, vino y postres Delia y Gaetano comparten reproches y diferentes puntos de vista sobre situaciones vividas en pareja. Su relación con los hijos, las desventuras con la suegra o los problemas de infancia que les dejaron cicatrices imposibles de borrar y que, con el paso de los años, han ayudado a destruir lo que con tanto esmero crearon en su juventud.

Pese a lo genuino del formato que presenta Mazzantini, lo cierto es que el libro se lee de forma muy lenta, instalando en el lector la sensación de que las horas no pasan y la cena nunca termina. El ritmo con el que se pasa del presente al pasado a través de los recuerdos de ambos protagonistas es vertiginoso y, en muchas ocasiones, confunde y entorpece la lectura. La prosa, eso sí, es acertada y directa, demostrando una vez más que la escritora, además de actriz, está acostumbrada a comunicar sentimientos y emociones.

Si buscas una novela romántica, con grandes y trepidantes acciones y profundos diálogos, definitivamente Nadie se salva solo no será una buena elección. Si, por el contrario, te decantas por la introspección, los finales abiertos y cierto toque intimista, te perderás sin problemas entre las páginas de un libro que muestra la crudeza y la erosión del primer amor.

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